La figura del tutor en la actualidad

Con el paso de los años, la educación en todos sus niveles ha evolucionado hacia una metodología en la que el alumnado se convierte en el verdadero centro y protagonista del proceso de enseñanza y aprendizaje, un proceso que ahora es fundamentalmente activo y participativo por parte del estudiante, basado más en el descubrimiento y la comprensión que en el aprendizaje memorístico.

Esta evolución, como decíamos, se ha aplicado en todos los niveles educativos, desde la enseñanza preescolar hasta los niveles universitarios y de postgrado. Y en este escenario, también la figura del docente ha evolucionado más hacia lo que es un tutor o tutora, es decir, un profesional de la enseñanza cuyo papel en ese proceso de enseñanza y aprendizaje es más guiar el descubrimiento del alumnado que ofrecer lecciones magistrales de conocimientos.

Así, la misión básica y esencial del tutor en la actualidad es la de orientar a los estudiantes hacia la consecución de unos determinados objetivos, lo cuales dependerán de la materia impartida, del grado de estudios, etcétera. Esa labor de orientación se define como “un proceso de ayuda continua a todas las personas, en todos sus aspectos, con el objeto de potenciar el desarrollo humano a lo largo de toda la vida” (Bausela, 2004) si bien en este caso lo aplicamos o restringimos al ámbito de la educación.

Partiendo de esta función básicamente orientadora de la figura del tutor en la actualidad, los objetivos generales de la misma podrían ser fijado en los siguientes:

  • Fomentar al máximo el desarrollo de la personalidad de los estudiantes.
  • Desarrollar la auto-orientación.
  • Desarrollar y potenciar la auto-comprensión y la auto-aceptación.
  • Alcanzar la madurez en el proceso de toma de decisiones tanto educativas como profesionales, vocacionales, etcétera
  • Alcanzar un grado de aprendizaje óptimo a lo largo del período de formación.

Todos los objetivos anteriores, además de otros tantos, exigen por parte del tutor o tutora requiere de diferentes tipos de intervención específica que podemos categorizar de la siguiente manera:

  1. ¿A quién va dirigida la acción tutora? Individuo, grupos primarios (pareja, amigos, familia), grupos asociativos (un claustro, un aula, un club), o comunidades e instituciones (una ciudad, un barrio).
  2. ¿Cuál es la finalidad de la acción tutora? Terapéutica, preventiva o de desarrollo.
  3. ¿Qué métodos guiarán el proceso de intervención tutora? Intervención directa, de consulta y formación, a través de medios tecnológicos

En el ámbito educativo, la acción tutora es eminentemente individual, de desarrollo y directa, por tanto, la figura del tutor va más allá de la esfera educativa en tanto que debe guiar los aspectos familiares, sociales, madurativos y otra serie de capacidades y habilidades específicas de los alumnos y alumnas que tiene a su cargo.

¿Te ha resultado interesante este artículo? ¿Te gustaría formarte con nosotros?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *