Control Empresarial

Los centros de beneficios son un mecanismo importante para el control de dirección en las grandes empresas industriales. Esto es así porque han demostrado poseer importantes ventajas:

1.     La rentabilidad es una manera sencilla de analizar y guiar la eficacia de un sector de un negocio complejo. Por ejemplo, una división de producto compite en el mercado libre con varias otras empresas de su ramo y, además, compite con otras divisiones de su propia empresa para la asignación de recursos que financien su futuro crecimiento. La rentabilidad relativa en ambos tipos de competencia es un criterio útil de decisión para la alta dirección.

2.     La responsabilidad sobre beneficios es un poderoso elemento motivador para las personas. Los directores comprenden lo que significa el beneficio y los directores agresivos se aferran a la oportunidad de medir sus aptitudes por el único verdadero módulo del hombre de empresa.

Los centros de beneficio, sencillos y poderosos, suenan a panacea, a respuesta a la plegaria del alto dirigente. No es extraño que este concepto se haya adoptado tan profusamente. Sin embargo, al igual que ocurre con las medicinas milagrosas, demasiado a menudo los efectos secundarios del remedio pueden ser peores que la enfermedad que se trataba de curar.

Hay un excelente caudal de obras sobre los problemas que se presentan al poner en práctica el concepto del centro de beneficios[1] .

La cuestión que vamos a examinar es más fundamental: ¿Cuándo se deben instaurar los centros de beneficios? O, más exactamente ¿qué ejecutivos bajo el presidente de una empresa (que es claramente el último responsable de los beneficios) deben ser responsables de los beneficios de los segmentos de un negocio?

Algunas partes de esta exposición no vendrán de nuevo a los presidentes de una empresa o a sus “controllers”. Destacaré la relevancia de la estrategia de la empresa y la estructura de la organización para los sistemas de centros de beneficio: enfoque éste que puede parecer obvio a dichos ejecutivos. Pero en las obras existentes no encuentro ninguna exposición de estas consideraciones y por esto me veo obligado a creer que quizá valga la pena hacer una declaración concisa del saber convencional.

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