Elección de objetivos financieros

La piedra angular de todo control de dirección es el concepto de contabilidad por responsabilidad. La idea base es sencilla: todo director de una empresa tiene bajo su responsabilidad una parte de la actividad total. El sistema contable debe diseñarse de manera que rinda la medida de los efectos económicos de las actividades de las cuales es responsable el director. Esta medición se puede formular en forma de objetivo económico para cada director. La especificación de dicho objetivo ayuda a delegar autoridad; el director sabe que la decisión “acertada” es la vía de acción que le lleva camino de su objetivo económico.

 

 

 

 

 

Pero este sistema aún no va suficientemente lejos. Ninguna medida sola, por muy esmeradamente que se haya formulado, puede reflejar con certeza hasta qué punto el director ha cumplido con su cometido. Parte del problema se debe sencillamente al hecho de que las corporaciones –y sus directores- tienen múltiples objetivos. Por ejemplo, tenemos el caso de la responsabilidad social de la empresa. La buena realización hacia esa meta, aunque fuese mensurable, no se puede sumar a la ecuación de beneficios. Otra importante inadecuación de una sola medición económica es la que refleja el comportamiento durante un período de tiempo determinado prescindiendo de los efectos que la acción actual pueda ejercer sobre la realización futura. Todo director debe tomar decisiones entre las necesidades conflictivas de plazo corto y plazo largo; los ejemplos van desde el encargado de taller que aplaza la labor de mantenimiento preventivo con el fin de incrementar su producción mensual, pero a costa de una importante avería el mes siguiente, hasta el director de división que reduce su presupuesto de investigación y desarrollo a fin de aumentar los beneficios del año, pero pierde o retrasa la oportunidad de lanzar un nuevo producto rentable dentro de tres años.

 

A pesar de estos defectos, siguen utilizándose en todo el mundo mediciones económicas abusivamente simplificadas. La razón de esto no está en su valor para evaluar lo realizado por un director – las deficiencias observadas son demasiado obvias e importantes para pasarlas por alto-, sino en su efecto sobre la gestión futura. La especificación de un objetivo económico puede ayudar a un director a pensar de modo realista en las arduas decisiones que ha de tomar, aunque el objetivo no siempre apunte en el sentido de la decisión más acertada.

 

Por consiguiente, la elección del preciso objetivo económico de cada director puede tener un importante efecto en la manera en que realiza su trabajo. Aunque la gama de objetivos posibles es amplísima, los resultados económicamente mensurables de las actividades de cualquier director normalmente se suelen clasificar dentro de las cinco clases de centros de responsabilidad descritos en el recuadro de la Tabla I. Tal como se indica, la responsabilidad financiera es más sencilla en el caso de los centros de costes estándar, y más complicada en el caso de los centros de inversión.

 

Deja un comentario